El robo de terrenos

Por: Sergio Villalta

La semana pasada se conoció la noticia sobre la intención del Gobierno, de obligar a los dueños de terrenos de más de 900 mts² en zonas no urbanizadas, a ceder el 10% de su propiedad al gobierno local al momento de segregarlos.

El respectivo reglamento que ordena esta expropiación (sin pago alguno) saldría en el mes de marzo.

La obligación existirá cuando el propietario pretenda vender, traspasar, heredar o construir en su terreno.

Además, se le obligará a que el terreno expropiado debe acondicionarse como un parque infantil de uso público. (Ver aquí la noticia)

La propiedad

El derecho a la propiedad (sobra decir “propiedad privada”, porque la propiedad que no es privada ha sido robada), es un derecho que no se inventó por gracia del gobernante.

No es el Estado el que otorga el derecho o crea la institución de la propiedad.

La propiedad como figura en la sociedad surge a lo largo del tiempo, mediante la prueba y el error, sin que haya sido inventada por un monarca, emperador, menos por un presidente, parlamento o constitución política.

La propiedad surgió de manera descentralizada y desde “abajo hacia arriba” en la sociedad.

No sucedió que un rey o jefe de una tribu o pueblo decidió un día crear la institución de la propiedad y obligar a las personas a aceptarla.

De poco a poco el hombre pudo constatar que las personas que vivían con la institución de la propiedad, eran mucho más prósperas que las otras personas que no vivían bajo esta figura.

El hombre tiene un instinto natural para vivir mejor. Sus acciones siempre tienen como propósito ulterior mejorar su condición material o espiritual.

Y mediante la institución de la propiedad las personas, a lo largo de la historia, se dieron cuenta que podían así aumentar su bienestar de mejor manera.

La propiedad es necesaria

Si todos las cosas existieran en abundancia infinita, es decir, si los recursos no fueran escasos, no habría necesidad de vivir mediante la institución de la propiedad.

Imaginemos que el recurso de la tierra fuera infinito, entonces no habría necesidad de delimitar un área específica. Porque siendo el recurso de la tierra infinito, alcanzaría para todos y no existirían partes colindantes.

Sin embargo, dado que los recursos no son infinitos, es necesario delimitar y especificar el derecho para usar y disponer de esos recursos.

Proteger la propiedad

Siendo que no vivimos en un mundo donde las cosas existen en cantidades infinitas, entonces fue necesario inventar la figura de la propiedad.

¿Cómo podríamos saber si un recurso “X” le pertenece al señor “Y”? Es gracias al derecho de propiedad que sabemos que el recurso “X” le pertenece al señor “Y”.

Dado que la institución de la propiedad cumple una función social muy importante, es necesario proteger esa figura. Imaginemos un mundo sin la institución de la propiedad.

Por ejemplo: el recurso “X” le pertenece hoy al señor “Y”, pero mañana llegará el señor “Z” y mediante la fuerza se apropiará de ese recurso.

En un mundo sin la institución de la propiedad viviríamos bajo la ley de la jungla, donde el más fuerte se podría apropiar de lo que desea. Hasta que llegue otro con más poder y se lo quite. Obviamente una sociedad no podría funcionar muy bien de esta manera.

Por esta razón la institución de la propiedad es necesaria. Al delimitar los derechos sobre los recursos, se evitan conflictos; pero de llegar a darse alguna confrontación, entonces la propiedad como derecho, hace posible que se solucione el conflicto sobre un recurso determinado.

La noticia

Volviendo a la noticia original, esta ha causado indignación en muchas personas. Porque entienden que todas las políticas que limitan o disminuyen el derecho de propiedad, siempre han resultado muy perjudiciales para la economía de un país; y por ende, para el bienestar de todos sus habitantes.

Siendo que la sociedad moderna descansa sobre la institución de la propiedad, cualquier intento para carcomer o debilitar esta importante figura, equivale a socavar los cimientos sobre los cuales se sustenta la sociedad misma.

Sin embargo, tristemente en otras personas la noticia ha provocado complacencia. Porque el terreno expropiado – pero no pagado -, se destinará (se supone) entre otras cosas, a construir parques infantiles o áreas verdes.

Además, se anestesian la conciencia al decir que el reglamento tiene un sustento en una ley previa.

Desde luego, la discusión es de mayor profundidad y no puede reducirse a una mera discusión sobre lo que dice tal ley o decreto.

Todos sabemos que la ley no personifica necesariamente lo que es legítimo. Y en la gran mayoría de las veces la justicia está ausente de las leyes que son creadas por los parlamentos.

Desde luego, solo como resultado de la más absoluta ignorancia, se podría ver en este reglamento o en una ley de este tipo, algún trazo de justicia y legitimidad.

El robo

Para el hombre pensante este reglamento representa un robo a plena luz del día. Donde el asaltante (el gobernante) se disfraza con el ropaje del “bien común”, para apoderarse de la riqueza ajena y robar el 10% de un terreno.

Porque cuando alguien (en especial un gobernante) se apropia de lo que no le pertenece, eso se llama robo. Y no importa que el robo se consuma mediante la fuerza de la ley, siempre sigue siendo robo.

Sin embargo, vivimos en una sociedad en la cual la santidad del poder gubernamental se tiene como una verdad incuestionable. Una especie de irracionalidad basada en la fe ciega y absoluta.

En estos tiempos objetar esta santidad todopoderosa del Estado, se convierte en la peor de todas las herejías posibles. Una clara señal de la decadencia en que vivimos.

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