¿Debe el libertario votar?

Por: Sergio Villalta

Es ya casi una tradición en los círculos libertarios discutir – ante la inminencia de una elección -, la conveniencia de ejercer el voto o de no hacerlo.

Ya sea que se trate de una elección presidencial o de una elección local (municipal, provincial, etc.), la cuestión siempre es la misma: ¿debe el libertario votar?

Y si decide hacerlo: ¿no estará legitimando de manera indirecta el mismo sistema que le roba su propiedad y le disminuye sus derechos?

Además, ¿no sería esto admitir implícitamente que acepta ser gobernando por el que finalmente gane la elección?

En tal caso, ¿con qué derecho una persona podría oponerse posteriormente, al gobierno mismo que ese individuo legitimó al aceptar el resultado de la elección?

Pero si no ejerce su voto – ¿no estaría ayudando indirectamente al peor de sus enemigos? ¿No se estaría legitimando así la actual expropiación de la riqueza?

¿No sería esto aceptar que la misma continúe y que sea incluso más fácil de llevar a cabo y más extendida hacia todos?

¿Y si vota por el menor de los males? Es decir, por el candidato que le asegura una menor expropiación de su patrimonio y una menor injerencia sobre sus derechos.

¿Pero no estaría esto en abierta contradicción con sus principios? Siendo que elegir a un gobernante significa elegir el yugo para si mismo y para los demás, ¿por qué debería votar?

Sobre este tema nadie iguala la agudeza con que Lysander Spooner examina la cuestión central. La pregunta de fondo en realidad no es si se debe o no ejercer el voto.

La pregunta debería ser: ¿es el acto de votar verdaderamente siempre una acción voluntaria?

Spooner piensa que no lo es. Para él es más una circunstancia muy injusta que es impuesta sobre la persona; en lugar de una decisión tomada con absoluta libertad y en pleno uso de su razón.

Dice Spooner:

” (…) un hombre se encuentra rodeado por un gobierno al que no puede resistirse; un gobierno que le obliga a pagar dinero, dar servicio, y renunciar al ejercicio de muchos de sus derechos naturales, bajo pena de pesados castigos. Él ve, también, que otros hombres ejercen esta tiranía sobre él por medio de la papeleta. Ve además, que si él mismo utiliza la papeleta, tiene alguna oportunidad de aliviarse a sí mismo de la tiranía de los demás, sometiéndolos a ellos a la suya. En resumen, se encuentra a sí mismo, sin su consentimiento, situado de tal manera que, si usa la papeleta, puede volverse un amo; si no la usa, debe convertirse en un esclavo.Y no tiene otra alternativa más que esas dos.”

Votar es algo más parecido a un acto que se hace en defensa propia, en lugar de una decisión consciente sobre lo que en verdad se juega la persona en una elección.

Spooner brinda el ejemplo del gladiador que es obligado a pelear en el Coliseo. Un hombre en tal circunstancia peleará y matará a otros hombres, para salvar su vida. Pero, ¿como se le podría culpar, si lo ha hecho para salvarse a si mismo?

Dice Spooner:

“¿se debe inferir que el concurso (se refiere a una elección) es uno en el que él entró voluntariamente; que él voluntariamente puso todos sus derechos naturales en juego, contra aquellos de los demás, para ser ganados o perdidos por el mero poder de los números? Al contrario, se debe considerar que, es una exigencia a la que él ha sido obligado por los demás, y en la que no se ofrecen otros medios de autodefensa, él, por necesidad, usó el único medio que le quedó. Sin duda el más miserable de los hombres, bajo el gobierno más opresivo en el mundo, si le fuera permitido usar la papeleta, lo haría, si pudiera ver alguna posibilidad de mejorar su condición por ese medio. Pero no por eso sería una inferencia legítima que el gobierno mismo que lo oprime sea uno que él voluntariamente ha elegido, o siquiera consentido.”

¿Quién es su sano juicio colocaría su patrimonio y demás derechos en juego ante la voluntad de una mayoría de extraños? Porque eso es precisamente lo que sucede en una elección.

Sin embargo, Spooner afirma que esto ocurre no porque así lo haya decidido libremente el votante, sino porque es este el macabro juego en que se le obliga a participar al individuo.

Se dirá tal vez, que no se le obliga; que bien podría abstenerse. Pero, ¿no sería esto como decir que al gladiador tampoco se le obliga a nada, que también podría abstenerse de luchar, aunque esto le cueste la vida?

En síntesis, sobre este asunto no existen juicios categóricos. Porque cuando las únicas dos opciones son: hacer lo que las circunstancias obligan o ser devorado por los leones, es difícil situarse en un plano moral superior y juzgar la decisión de otros.

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